Un día en la vida de Ivan Denisovich (1970)

La película dirigida por el director de cine y teatro, Caspar Wrede, es una adaptación de la novela con el mismo nombre escrita por Alexander Solzhenitsyn, premio Nobel de literatura en 1970; en esta se describe las terribles condiciones de los presos en los campos de trabajo estalinistas a través del día de uno de sus prisioneros, Iván Denísovich Shújov.

La lucha de la humanidad contra la deshumanización. Prisioneros por opiniones contrarias, malinterpretaciones o simples azares de la vida; obligados a vivir una realidad en la que la comida apenas era comida y escaseaba, se les trataba como esclavos y se les empujaba a sacar el instinto de supervivencia antes que el sentido humano. Una encierro en el que se les obligaba a construir sus propias barreras. Un gobierno idealista y controlador, soñaban o se refugiaban detrás del comunismo; en cuanto su gente hablaba y se revelaba fuera de la línea ideada por el poder, no dudaban en encerrarlos enterrando su humanidad. Stalin lo inició y aunque su muerte liberó a algunos, mucho del sistema se mantuvo como arma de control.

Una película horrible y hermosa, por un lado te muestra la lucha constante de la humanidad por sobrevivir, mostrando destellos de verdadera sed de vivir y mantener el espíritu sano en el peor de los espacios; por el otro, la historia te presenta el paso de un día en escenario Noruegos perfectamente adaptados a su contexto, engrandecidos por la precisa visión del director de fotografía, Sven Nykvist. El perfecto uso de las luces te hacen recordar con belleza un hecho terrorífico; la delicadeza con la que la fotografía es tratada corresponde a la del tema. En conjunto con una narrativa bien llevada, el espectador puede llegar a sentir la fragilidad de una vida encerrada en los campos de concentración.

Aunque el reparto no corresponde al del lugar del acontecimiento, los actores dan el ancho y te permiten adentrarte sin ningún problema en la miseria vivida a causa de un gobierno opresor. En un principio me confundió el uso del inglés por los actores y el ruso en la narración; después de un rato de empezada la película, ignoré por completo el hecho y hasta agradecí tener la presencia del idioma que se supone hablaban en los campos de concentración. Puede que sea lo menos fidedigno, pero es un detalle intrascendente si se trata la historia con respeto… Caspar Wrede hace una gran adaptación, que aunque por el momento no puedo comparar con la novela, me voy con una muy buena impresión; observo una mundana pero realista puesta en escena, en donde observamos sin sensacionalismo, el sufrimiento y la impotencia de vivir en un sistema político injusto y opresor.

Las prisiones que nos construimos y la lucha por mantener el espíritu vivo aún a pesar de un mundo que te empuja a querer ver por ti a causa de las adversidades. EMPATÍA Y HUMANIDAD. Aún en uno de los lugares menos humanos de nuestra historia, se logra dar foco al otro lado de la moneda; te permite reflexionar sobre la injusticia sin embellecerlo, pero no te deja desolado y sin esperanzas sobre nuestra humanidad. 

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