Rolf de Heer, un director blanco sale a la tribu de los Yolngu y filma una película… ¿Y? Mucho de lo que se habla de esta película es por esa «controversia». Aquí ya dimos un párrafo, pasemos a lo importante.
Lo importante para mí es la construcción del relato, desde la preproducción, hasta ciertos elementos de la edición; todo empezó con una invitación del actor proveniente de Ramingining, David Gulpilil, del pueblo yolngu. El director holandés/australiano, viajó a la tribu con su equipo de producción y un guión estructurado; al llegar, se enfrentó con una realidad distinta a la que esperaba y por lo mismo, reestructuró todo sus planes. De la mano de Peter Djigirr con quien comparte créditos de dirección, adaptaron el guión a la personalidad del pueblo; según el mismo de Heer, la película pasó de un tono más melodramático, a encontrarse con un tono más ligero propio de un pueblo juguetón y lleno de vitalidad.
Así fue como comenzó el rodaje de lo que sería el primer filme Australiano completamente hablado en una lengua indígena, suena interesante, ¿no?; lo es, una gran lección de inclusión y de narrativa, un archivo histórico y único en su tipo. Una película juguetona como la gente que la protagoniza, una historia con amor, celos, acción y hasta magia; una ficción que te adentra en lugares que jamás hubieras imaginado llegar, dándonos el extra de dejarnos un pedazo de historia sobre un pueblo que sin ayuda de un director inquieto, nunca nos hubiéramos notado.
Técnicamente es una maravilla, el sonido y la fotografía pasan inadvertidas haciendo de la película, una pieza sólida. Aunque me parece importante remarcar el fascinante trabajo de fotografía realizado por Ian Jones, que si bien hace un buen trabajo; halagar la fotografía es halagar directamente el diseño de producción (Beverley Freeman), que a su vez es el mismo pueblo que cuela su propia identidad en la película.
No me gustaría hablar mucho sobre la historia de la película, si llegaste hasta aquí vela; nada se pierde, mucho se gana. Para terminar, en caso de no haberte convencido, te comparto lo que a mí me terminó por convencer; la interesante forma de narrar una historia. Aprovechando el uso de blanco y negro y color, alterna entre el paseo de un viejo y un joven mientras el mayor le narra una historia de su pueblo; la narración del viejo se muestra a color y nos adentra en el pasado de la tribu, sus conflictos y miedo; mientras el paseo del viejo y el joven es en blanco y negro, ahí aprendemos de su cotidianidad.
Una película justa para un pueblo con muy poca visibilidad. El director no es un héroe, pero sus intenciones no son malas y la película tampoco. Dejemos de armar controversia en la nada y apreciemos el cine. Hay cosas más importantes por las cuales indignarse.