Adalen 31 (1969)

La película dirigida por Bo Widerberg, como su nombre nos dice, nos lleva a Suecia al distrito de Adalen; ahí nos muestra la vida de sus habitantes y el desarrollo que llevó al trágico tiroteo en 1931.  Es de esas películas que te muestra desde lo más chico a lo más grande. Vemos la madurez de un chico, como vemos el espíritu de un pueblo, su posterior muerte y el esbozo de un espíritu renovado.

Personalmente me siento incómodo adentrándome en la crítica de la película; Bo Widerberg narra con tranquilidad pero con mucha profundidad, un historia que se puede entender sin dificultad y que se enriquece con cada visionado. Desde la superficialidad de un solo visionado, me atrevo a halagar su simpleza documental; te sientes inmerso en otro tiempo y nunca cuestionas ninguno de los elementos. Lo único que llega a irrumpir el orden, es el trágico tiroteo para el cual el director lleva preparando toda la película el terreno; cuando la tragedia ocurre, pierdes todas las líneas de la narrativa y te frustra al mostrarte la fragilidad de una vida. 

A momentos me recuerda a muchas pinturas, a momentos me siento en una obra impresionista de Manet o Renoir; en un inicio me sentía en la cotidianidad del cuadro Tarde de Domingo en la isla de la Grande Jatte del pintor puntillista Georges Pierre Seurat. Con esto aplaudo su plástica, desde el trabajo cinematográfico y el diseño de producción, hasta las decisiones de ritmo en la pre y post-producción.

Somos complejos, sencillos y vulnerables; nuestras historias se conectan con las de otros, visto en conjunto el individuo se ve como nada y nuestra vida se puede acabar con el simple impacto de una bala. En la película no se descarta nada, sentimos con los individuo y sus familias, como lamentamos la tragedia de un pueblo. Bo Widerberg exponiendo con sutileza su ingenio, tiene la suficiente paciencia para crear un mundo creíble

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