No cabe duda que los tiempos complicados son terrenos fértiles para la creatividad, tal fue el caso de la nueva ola checa; de 1962 a los primeros años de los 70’s se produjeron una basta cantidad de joyitas en la República Socialista Checoslovaca, producidas por jóvenes cineastas que habían visto la guerra, la ocupación nazi y estaban viviendo su propia revolución sexual . Una de esas películas fue Daisies.
La película de corte feminista abrazó el lado más surrealista del movimiento, exponiendo con destreza a través de visiones excéntricas de ensueño y una exquisita edición experimental; una sociedad utópica en la que se vive con libertad y sin cadenas sociales, criticando con un sentido del humor macabro y poético al sistema que se diagnosticaba caduco.
Věra Chytilová egresada de la Escuela de cinematografía de Praga (FAMU), aprovechó la fuerte censura para experimentar en los bordes de lo permisible y divertirse mientras lo hacía, una risa en confianza antes de llevarte de paseo por el acantilado y mostrarte la mierda más fea de nuestra sociedad; una película que sin duda creó su propio espacio de juego que muchos otros directores aprovecharon en el futuro.

Con actrices no profesionales, desató una revolución dentro de un cuarto y en un largo de 74 minutos; haciendo mezcla de todo incluso de la misma película, le dió en los puntos más sensibles a un viejo régimen que aunque en el momento logró censurarla con los pretextos más incrédulos e ignorando su significado (la escena del banquete), no terminó por extinguirla. Hasta el momento se mantiene radical y vigente. (para bien y para mal)