En un castillito abandonado en el pueblo, Pierre y Cybele sueltan su pasado y se permiten vivir.
Les dimanches de Ville d’Avray
Serge Bourguignon, un director que venía de cartas y documentales, entendió de ellos que cada fotograma cuenta; en su primer largometraje, lo demuestra con destreza.
Es una gran película y por lo mismo, empezaré con las grandezas que creo pueden llamar más al público… La fotografía, como mencioné anteriormente, cada cuadro cuenta y te lleva con audacia en un mundo difícil de visitar. A pesar de que la temática lleva fácilmente al desprecio, la puesta en escena no nos permite abandonarla.
La historia va de Pierre, un ex-soldado atormentado por el accidente fatídico en el que asesinó a una niña, y el encuentro que tiene con una niña abandonada; nos cuenta las dificultades sociales de la relación renovadora, entre dos edades tan distintas. Los límites tan ambiguos juegan con nuestras emociones y nos llenan de tensión, misma que se disuelve con la dulzura de los protagonistas.

Nos muestra a Pierre, un personaje introspectivo, viviendo amarrado al pasado y avanzando en automático; casi como enfocarse en un retrovisor de un tren que avanza. Por otro lado Cybele es la vida, irradia emociones y nos impulsa quererla, una nueva oportunidad para proteger y sanar.
La dirección es precisa, todo pasa cuando debe de pasar; en el silencio nos adentramos en la cabeza de pierre y con los círculos nos transportamos al hogar que nuestros protagonistas se improvisaron.
Un oscuro clásico en la filmografía del director, nos enfrenta con nuestro juicios y nos enamora con un increíble trabajo técnico.